El vendedor de pasacalles

             Cuando Alberto se aventuró a concretar el sueño de todo empleado, ser su propio jefe, no adivinó cuánto iba a enamorarse de su proyecto.
            Eligió la venta de pasacalles por razones bastante vagas. Le  parecía que nadie explotaba adecuadamente ese recurso tan noble. Además, conocía bastante bien a la clientela; él mismo, desde su juventud, había utilizado ese medio en varias oportunidades. Los primeros fueron: "Feliz cumpleaños, Marcela / Tus amigos"; "Feliz día, mamá / Tus hijos"; "Te amo, Marcela / Alberto"; "Perdoname, Marcela / Volvamos a ser amigos".
A decir verdad, no eligió, propiamente dicho, vender pasacalles: una cosa llevó a la otra.
Luego de que Marcela lo perdonara por el ex abrupto de su borrachera de Año Nuevo, creyó fervientemente que aquello se había debido a su manifestación honesta y pública, a la que le atribuyó un poder de persuasión casi de brujería. Convencido de ello, siguieron mensajes como: "Vendo heladera / motor averiado / Escucho ofertas"; "Vendo pasacalles para el Día de la Madre"; "Vendo pasacalles de salutación y disculpas a una Marcela"; "Vendo pasacalles de venta de heladera con motor averiado"; "Vendo pasacalles de venta de pasacalles para el Día de la Madre", etc.
El negocio prosperó sin proponerse si quiera que fuera un negocio, por lo que viendo cómo se encaminaba decidió arriesgarse a vender su colección de autógrafos de famosos y pedir un préstamo para alquilar y acondicionar un local y arremeter contra las pocas probabilidades de prosperidad que tienen los pequeños inversores que aspiran al microemprendimiento.
El servicio que ofrecía era muy amplio: instalación, corrección ortográfica, diseño gráfico y, lo novedoso, consejos para alcanzar la mayor eficacia. La pequeña empresa no tenía nombre, únicamente se daba a conocer, obviamente, por un pasacalles: "Compra y Venta de Pasacalles". He ahí un punto clave del funcionamiento del negocio: la compra de pasacalles usados. Muchos de ellos eran reutilizables, sobre todo los impersonales y sin fechas como: "Felicitaciones Licenciado / Tu familia" o "Volvé, amor / Te extraño". Por contradictorio que parezca, muchos prefieren mantenerse en el anonimato por pudor, debido a que algunas personas consideran este medio de comunicación como algo detestablemente cursi.
Alberto realizaba su trabajo con tanta seriedad que llegó a despedir a su cuñado, empleado suyo, por olvidar una tilde. Igual fin consiguió un poeta oportunista, colaborador interesado en hacerse conocer a través de ingeniosas frases amorosas que les recomendaba utilizar a los clientes a condición de que lo dejaran firmar. El despido se produjo cuando Alberto recibió la queja de dos hombres a quienes sus novias los habían abandonado para irse con el poeta.
El humilde comercio anduvo bien hasta que el apasionado dueño comenzó a perder la cordura. A modo de muestra, cada día ponía un pasacalles nuevo informando a los transeúntes sobre cómo iba el negocio, lo que traslucía también cómo iba su vida: "Compra y Venta  de Pasacalles / Pregunte por nuestras ofertas"; "Compra y Venta  de Pasacalles / Vea nuestras ofertas / Por Favor"; "Venta de Pasacalles / Descuentos a hombres y mujeres / entre 3 y 99 años"; "Venta y Alquiler de Pasacalles / Precios muy muy accesibles"; "Pasacalles / Pague lo que pueda"; "Bendo Pazacayes / Alludeme a mi y a mi familia"; "Si no vendo algún pasacalles debo cerrar".

Juan Griss

3 comentarios:

Ju dijo...

jajaja me encantó!

Juan Griss dijo...

Gracias, Ju! A mí también me gusta este...

Anita Lemon Pie dijo...

A pesar de su comicidad, me puso triste....
Pobre tipo, sólo vendia pasacalles.